El martes 2 de septiembre de 2025, el presidente Donald Trump declaró que enviará tropas de la Guardia Nacional a Chicago, y posiblemente a Baltimore. Su mensaje fue claro pero ambiguo: “We’re going in. I didn’t say when” (“Vamos a entrar. No dije cuándo”).
El anuncio ocurre en medio de un clima político tenso. En Chicago, miles de personas salieron a las calles en días recientes para protestar contra las políticas de Trump, incluyendo amenazas de redadas migratorias y el posible despliegue militar. Estas manifestaciones fueron pacíficas, aunque la Casa Blanca las ha usado como argumento para justificar un mayor control federal.
¿Por qué hay polémica?
El gobernador de Illinois, J. B. Pritzker, calificó la medida como una invasión del gobierno federal. El alcalde de Chicago, Brandon Johnson, firmó una orden ejecutiva que prohíbe a la policía local cooperar con tropas federales.
A nivel legal, la Constitución y leyes como la Posse Comitatus Act prohíben que las fuerzas armadas como la Guardia Nacional cumplan funciones de policía. Trump solo podría hacerlo bajo el Insurrection Act, una ley de 1807 que se aplica en casos extremos de disturbios. Pero aquí no hubo disturbios: hubo protestas legítimas de la ciudadanía. La presencia militar en las calles podría aumentar la tensión con comunidades, especialmente en barrios donde ya existe desconfianza hacia la policía.
El eco en América Latina
Para muchas comunidades inmigrantes, especialmente latinas, la imagen de militares en las calles tiene una carga histórica muy fuerte. En varios países de nuestra región, la militarización interna ha sido el indicio de golpes de Estado, represión de movimientos sociales y suspensión de derechos civiles.
Por eso, aunque el contexto en Estados Unidos sea distinto, la decisión de Trump resuena como un paso preocupante hacia un modelo autoritario, donde la fuerza militar de la Guardia Nacional sustituye al diálogo político y la organización comunitaria.
¿Qué podría pasar ahora?
- Si el plan avanza: Podrías ver soldados patrullando calles en Chicago o Baltimore, con más operativos de seguridad y posible desplazamiento a otras ciudades en Estados Unidos.
- Si los tribunales lo frenan: La medida se detendría temporalmente, pero seguiría la pelea política y legal.
- A nivel nacional: El caso marcaría un precedente sobre hasta dónde puede llegar un presidente al usar tropas en ciudades que no lo solicitan.
- Protestas y organización social: en Chicago ya se preparan más manifestaciones y redes de apoyo legal.
- Batallas legales: tribunales federales podrían frenar la medida, como ya sucedió en California con un intento similar.
- Conflicto entre autoridades: el gobernador y el alcalde rechazan la orden; si Trump insiste, habrá un choque directo de poderes.
- Un precedente peligroso: permitir el despliegue militar en ciudades sin petición de sus gobiernos locales podría abrir la puerta a más abusos presidenciales en el futuro.
¿Qué significa para los inmigrantes?
Aunque Trump no habló directamente de inmigración, la militarización siempre golpea con más fuerza a comunidades racializadas y migrantes. Más soldados en las calles significa más miedo, más retenes y más riesgo de discriminación, incluso si legalmente la Guardia Nacional no tiene autoridad para revisar papeles migratorios.
Los derechos de los inmigrantes no cambian:
- No estás obligado a mostrar documentos si no hay orden judicial.
- Puedes guardar silencio.
- Tienes derecho a un abogado antes de firmar cualquier cosa.
En resumen
El presidente Trump anunció que planea enviar la Guardia Nacional a Chicago y Baltimore. No hubo una insurrección, sino manifestaciones pacíficas contra su gobierno. La medida no solo enfrenta resistencia política y legal, también representa un riesgo simbólico y real para comunidades inmigrantes. Para quienes vienen de América Latina, la escena recuerda a los días oscuros en que la presencia militar en las calles significaba represión y pérdida de derechos.
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